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martes, 7 de junio de 2011

Le bœuf sur le toit

Une petite joie que j'ai découverte récemment. Cette composition pour orchestre est une des plus connues du compositeur français Darius Milhaud. Pendant une vingtaine de minutes on peut écouter une mélange joyeux et jovial de danses comme la samba, le tango, la rumba, la conga et même un fado portugais. Et toute cette musique ne s'arrête jamais, car elle c'est assemblée par un rondo qui se répete sans cesse tout au long de la pièce.


L'inspiration pour composer “le bœuf sur le toit” on doit la chercher pendant l'époque où Darius Milhaud vivait au Brésil: le carnaval et l'ambiance de fête sont présents dans toute la composition. Un petit bijoux musical du XXè siècle, facile à écouter et drôle si l'on le compare avec d'autres compositions contemporaines.

sábado, 4 de junio de 2011

Gustav Mahler y la OBC en directo

Si alguien piensa todavía que en Barcelona no tenemos orquestas clásicas de calidad, que se lo piense bien antes de decirlo y, consecuentemente, meter la pata.

Ayer tuve la oportunidad de asistir a una audición de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) junto con el Cor Madrigal y el Cor Vivaldi – Petits Cantors de Catalunya, audición que me salió por la patilla ya que al hacerte amigo de l'Auditori, me dieron la posibilidad de asistir gratis a un concierto. ¡Y menudo concierto! Ni más ni menos que la Tercera Sinfonía de Gustav Mahler.


No soy un gran entendido en clásica ni mucho menos quién para hacer una crítica, pero hace un mes compré la integral de las sinfonías de Mahler interpretadas por Sir Simon Rattle y la City of Birmingan Orchestra, es decir, un director de primer orden. Esto me sirvió para “preparar” la Tercera Sinfonía, pues insisto que la música de Mahler no entra a la primera, y más esta ciclópea sinfonía que dura entre 90-100 minutos...


Quedé muy sorprendido por el alto nivel de la OBC: no desmerece en nada con la versión que tengo de Rattle y los aproximadamente 120 músicos que tocaron (sin contar vocalistas) lo hicieron a un gran nivel, así como la mezzosoprano Christianne Stotijn. Quizás noté al coro infantil y al coro femenino algo flojos de decibelios pero es posible que me equivoque ya que no es lo mismo escuchar una muy buena grabación que un directo. No me extraña que algunos directores como Sergiu Celibidache fuesen reacios a grabar sus actuaciones.


Es una verdadera gozada escuchar a una gran orquesta sinfónica con coro y Mahler se presta a ello. Su música es increíblemente cromática y en los tutti se alcanza una potencia de sonido que haría palidecer a cualquier grupo heavy (perdón por la odiosa comparación). Aquí no hay electrónica ni nada. No hay trampas. Sólo música en estado puro.


Sólo dos “peros”: el de cierto oyente despistado y su maldito móvil al principio del concierto, y una señora que calzaba zapatos de tacón y se marchó en un momento en que la orquesta tocaba pianíssimo. Mahler no incluyó en su partitura un solo de zapateado de tacón.


Este concierto se repetirá este sábado y el domingo. Si podéis, id a escucharlo. Vale la pena escuchar a una gran orquesta aunque sólo sea una vez.

domingo, 26 de septiembre de 2010

El aprendiz de brujo (Paul Dukas)

Increíble. ¿Cuántos años han tenido que pasar para que hoy descubra que "esa música" que tantas veces habré escuchado a lo largo de mi vida no es otra cosa que la obra más famosa del compositor francés Paul Dukas?

¿Cuántas melodías habrá que nos suenen pero cuyo origen, título y compositor desconocemos?

Os dejo un enlace para que podáis escuchar esta obra tan famosa, tanto como el dibujante que tomó "prestada" esta música para rodar una de las mejores películas de animación de la historia, película que toma "prestadas" otras melodías no menos populares como la suite "una noche en el Monte Pelado (Mussorgsky) o la sinfonía Pastoral (Beethoven).

sábado, 11 de septiembre de 2010

Música clásica para iniciarse

Siguiendo con el planteamiento de la última entrada, voy a escribir una serie de recomendaciones musicales para aquellos que deseen introducirse en el mundo de la música clásica. Porque no es lo mismo escuchar la elegancia y claridad de una sinfonía de Mozart que atreverse con las complejas y densas estructuras de una sinfonía de Mahler.

Empecemos por el Barroco: me resulta algo difícil recomendar porque este estilo es muy recargado y no siempre de fácil comprensión para el neófilo, creo yo. Aún recuerdo cuando sugerí a alguien los conciertos de Brandenburgo y me contestó “... el nino-nino-ní del Bach ése es más rollo que un fichero ídem (¿?)”.


Chistes aparte, si hay una obra del Barroco de obligada audición y muy fácil de entender son los cuatro conciertos para violín de Vivaldi, más conocidos como las Cuatro Estaciones. Música barroca pero que habla por sí sola y que todos hemos escuchado alguna vez (al menos, el concierto de la primavera).

Del “Genio de Genios”, Johann Sebastian Bach, recomiendo el “Magnificat”, fantástica obra coral, espectacular y muy fácil de entender, con el aliciente de no contar con los tediosos recitativos, tan típicos de oratorios y Pasiones. Si encontráis la versión de John Elliot Gardiner dirigiendo los Solistas Barrocos Ingleses y el Coro de Monteverdi, mejor que mejor.


Otras obras barrocas de menor envergadura: el Canon de Pachelbel o el Adagio de Albinoni.


Quizás el Clasicismo es ideal para iniciarse, no en vano vivieron durante esta época los mayores genios musicales de la Historia: Haydn, Mozart y Beethoven.


Haydn es el fundador del Clasicismo, padre de la sinfonía y del cuarteto de cuerda. Cualquiera de sus sinfonías “londinenses”, las últimas que compuso, puede ser buena pero yo recomiendo la Sinfonía nº 101 “el Reloj”: cuando escuchéis el segundo movimiento entenderéis el por qué del nombre.


De Mozart... bueno, hay tanta música recomendable que se hace difícil elegir una. De nuevo sus Sinfonías como la 25 o la 40 son geniales (¿quién no ha escuchado el dramático allegro inicial de la 40?), aunque mis favoritas son la 36 “Linz” y la 41 “Júpiter”. Pero si hay una obra de obligada audición es “Eine Kleine Natchmusik”, o sea, la Pequeña Serenata Nocturna. Imprescindible.

Beethoven... cualquier sinfonía vale la pena escucharla, pero para empezar recomiendo la Sexta “Pastoral”, y la Quinta, con su espectacular final y que comienza con las cuatro notas más famosas de la historia de la música. No hace falta decir más...


También recomiendo de Beethoven alguna obertura como “Egmond” o “Fidelio”, alguna de sus sonatas para piano como las muy conocidas “Claro de Luna” o “Para Elisa”.


Romanticismo. De Schubert recomiendo el “Ave Maria” y la Sinfonía nº 8 “Inacabada” (sólo tiene completos los dos primeros movimientos. Schubert la abandonó con el tercero a medio componer).

Si os gusta el piano, Chopin es una elección perfecta (recomiendo los “Nocturnos”). De Mendelssohn recomiendo la Sinfonía nº 4 “Italiana”, de gran belleza melódica, y de Liszt, la Rapsodia Húngara nº 2.


¡Mucho cuidado con Wagner! Su nombre es muy atractivo pero atreverse con sus larguísimas óperas os puede hacer aborrecer el género. Aún así, la audición de algunos fragmentos instrumentales puede ser una experiencia inolvidable. Recomiendo las oberturas de “los Maestros Cantores de Nurenberg”; Preludios de los actos 1º y 3º de “Lohengrin”; “el Funeral de Sígfrido”, de la ópera “el Ocaso de los Dioses”; y sobre todo, la obertura de “Tannhauser” y la famosa “Cavalgada de las Walkirias” de la ópera “la Walkiria”.

De Brahms os recomiendo la “Danza Húngara nº 5”, que Charlie Chaplin/Charlot tan bien caricaturizó en la película “el Gran Dictador”, y la Obertura para un Festival Académico, que incluye una cita del conocido “Glaudeamus Igitur”.


Si hay una sinfonía de obligada audición y que (por desgracia) ha sido utilizada tanta y tantas veces en el mundo de la publicidad, ésta es, sin duda, la Sinfonía nº 9 “Del Nuevo Mundo” de Dvorak. Cuando escuchéis el 2º movimiento (Largo) seguro que os viene a la cabeza aquel anuncio del perrito Pippin haciendo la maleta y abandonando tristemente el hogar... Por cierto, si la compráis, mirad si en el CD viene además el poema sinfónico “el rio Moldava” de Smetana. Es una verdadera maravilla. Lo encontraréis en las versiones de la Filarmónica de Berlín dirigiras por Ferenc Fricsay (mi favorita) o en la versión de Karajan con la misma orquesta.


No olvidemos tampoco los numerosos valses de Johann Strauss hijo.

La ópera italiana tiene arias preciosas: el “largo al factotum” y la obertura del “el Barbero de Sevilla” (Rossini), el coro de Nabuco (Verdi) o el aria “Nessum Dorma” (Puccini).


Tchaikovsky merece la atención también por sus sinfonías, pero os recomiendo mejor la suite del ballet “Cascanueces” y la espectacular Obertura 1812 que conmemora la derrota de la Grande Armée de Napoleón ante los rusos.

Del siglo XX no diré nada, pues es un terreno que conozco muy poco. Pero acabaré esta larga lista haciendo alusión a la música española: ¿quién no ha oído hablar del Concierto de Aranjuez, de Rodrigo? ¿O bien de “el Amor Brujo” y “el Sombrero de Tres Picos” de Falla? Y por último, aunque Bizet no era español, sí compuso la ópera “Carmen” de marcados aires hispanos. Escuchad las Suites nº 1 y 2 de esta ópera, que incluye la famosa “marcha del toreador”.


Así que ¡hale!, ya tenéis una selección para comenzar y, a mi criterio, muy asequible. Si creéis que son muchas, empezad por las que he marcado en negrita. Y hay muchas más piezas pero ahora mismo, ya sea por ignorancia o porque a la hora de escribir no he caído, pues no las recuerdo. ¿Alguna sugerencia?

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Música clásica en los dibujos animados

Para los que os queráis introducir en el fascinante mundo de la música clásica, nada mejor que escuchar la Rapsodia Húngara nº 2 de Franz Liszt en una versión muy original, la de Tom y Jerry, piano a cuatro manos (por llamarlo de alguna forma).


Liszt fue uno de los mejores compositores y pianistas del Romanticismo. De hecho, sus obras para piano están consideradas como de las mejores de la Historia. Era, además, un formidable pianista, aunque también compuso música para orquesta y es el inventor del género romántico por excelencia, el poema sinfónico. También fue un mecenas, apoyando a otros músicos y compositores entre los que figuraba Richard Wagner, su futuro yerno, y por el que sentía una profunda admiración.

Seguro que esta peculiar versión os arranca más de una sonrisa a la vez que conoceréis una muy popular obra.







¿Y qué me decís de esta famosísima aria de "el Barbero de Sevilla", de Rossini? Una increíble versión del gran genio del dibujo animado cómico, Tex Avery, acompañada de una no menos excelente versión de esta famosa ópera. Nota: no perdáis de vista el pelo que a media película se ve en la parte inferior izquierda. ¡Desternillante!



sábado, 24 de abril de 2010

Una obertura sensacional (Tannhäuser)

No la conocía apenas. La había escuchado alguna vez pero la tenía prácticamente olvidada, hasta que la amiga Mercè me la comentó en una salida excursionista. Sencillamente pone los pelos de punta, incluso si no eres muy aficionado a la música.
Una pena que Wagner apenas escribiese sinfonías, pues centró sus esfuerzos en la ópera, género que de momento se me resiste. Pero nos quedan sus oberturas instrumentales de óperas como Lohengrin, Tristan e Isolda o el Holandés Errante. Temas como la muerte de Sigfrido (de la ópera "el ocaso de los dioses"), la archiconocida "cavalgada de las Valkirias"... y esta obertura de Tannhäuser.

¡Atención!, que también existe la "obertura y bacanal", más larga y muy interesante, pero que suprime el potentísimo "clímax" final que podemos escuchar en la obertura a secas. Sencillamente, es un regalo para los oídos. 

¿Y qué mejor que escucharlo de la mano de una orquesta y director que no necesitan presentación?

domingo, 31 de enero de 2010

Niño prodigio

¡Jope con el niño! Sin haber cumplido aún cuatro años ya tocaba el piano. A los cuatro y medio, el violoncello. También toca la viola... y no, no es Wolfgang Amadeus Mozart, porque nació en 1999 en USA y se llama Marc Yu.



Ayer, mientras buscaba en el YouTube algo sobre el primer concierto para piano de Beethoven, me encontré con esta singularísima "performance". No sabía quién era, pero cuando leí por su página oficial quedé estupefacto. Me hace mucha gracia verle tocar el piano y usar la banqueta no para sentarse, sino para apoyarse, porque si no, no llega a los pedales.

El pianista chino Lang Lang afirma que está llamado a ser una súperestrella. Ya lo veremos, porque estos niños prodigio, si no se tiene mucho tacto con ellos, pueden acabar estrangulados por su propia fama. Pero por otra parte no dejo de preguntarme "¿qué tiene esta gente y el por qué salen estas mentes tan desarrolladas?"

Supongo que es un misterio, como tantos otros...

miércoles, 27 de enero de 2010

Música pegadiza

Llevo ya tres días escuchándola. No puedo sacármela de mis pensamientos. Cada dos por tres suenan sus acordes, rítmicos, repetitivos, pero cargados de una gran energía e ímpetu. Una melodía que parece simplona, sí, pero de indudable efecto, y más aún si es versionada por la Filarmónica de Berlín dirigida por Karajan.



Así son los scherzos. Beethoven tuvo la genial idea de desplazar el minueto de la sinfonía y cambiarlo por el scherzo, mucho más vivo y rítmico. Y el que suena aquí es uno de los mejores que he escuchado. Forma parte de la 8ª Sinfonia de Bruckner, calificada por muchos como la cumbre del sinfonismo romántico o "sinfonía de sinfonías".

Con claras influencias de Beethoven y Wagner, en muchas ocasiones se han comparado las sinfonías brucknerianas con catedrales por su sonoridad y grandiosidad. Quizás la 8ª no sea la mejor que compuso. Prefiero la 4ª, conocida como la sinfonía "Romántica", o la 7ª. Pero sus proporciones gigantescas, tanto en duración (80 minutos, el doble de una sinfonía normal de la época, fines del siglo XIX) como en orquestación y su sonoridad, la hacen merecedora de los calificativos que cito más arriba.

Gustav Mahler, quien calificó a Bruckner de "medio simplón, medio Dios", fue capaz de ir todavía más allá y, unos pocos años más tarde y aún dentro del siglo XIX, nos obsequiaría con otro monumento a la música, la Sinfonía "Resurrección".

martes, 8 de diciembre de 2009

Tarde sinfónica...

Venía el otro día conduciendo de vuelta de trabajar. Había salido tarde, muy tarde, y estaba cansado. Por suerte, haciendo "zapping" por la radio, sintonicé con una emisora de clásica cuya música me sonaba.

En efecto, tuve la suerte de "pillar" una audición de un concierto donde se interpretó la octava y novena sinfonías de Beethoven. Conozco bien las dos obras, pero una de las ventajas de escuchar música clásica es que hay tantas versiones de una obra como orquestas y directores, y mira, aunque ya conozcas esa obra siempre te encontrarás con matices nuevos o diferentes que te animan a escucharla de nuevo.

Antes de sonar la Novena, la "Sinfonía Coral", el locutor explicó una serie de anécdotas sobre esta obra. Algunas ya las conocía. Otras, no.

Por ejemplo, sabía que la Novena tuvo una génesis difícil, como tantas obras maestras. Beethoven la estrenó en 1824, pero hacía muchos años que esta sinfonía ya le daba vueltas en la cabeza. También hacía mucho que el genio estaba completamente sordo, así que el día del estreno, en el teatro de la Corte Imperial, en Viena, tuvo que dirigir el estreno con la ayuda de un director, en cual dirigía la orquesta basándose en las indicaciones de Beethoven. Algo así como lo que vemos en el película "Copying Beethoven", pero al revés.

También sabía que el éxito fue apoteósico y conocía la anécdota en la que un miembro de la orquesta (¿la mezzosoprano?) hizo darse la vuelta a Beethoven para que reverenciase al público, totalmente entregado en aplausos y ovaciones, ya que no se enteró del éxito a causa de su sordera.

Lo que no sabía es que la crítica especializada, al día siguiente, publicó unos comentarios bastante menos favorables sobre esta sinfonía. Algunos decían que la obra era larguísima, interminable, que los "fans" de Beethoven se llevarían un buen chasco. Es increíble, pero es así.

Y lo "peor". Beethoven dedicó la "Novena" al rey de Prusia y éste, en compensación, le regaló un anillo con diamante. Beethoven se sintió defraudado ante semejante ofrenda, pues él esperaba recibir algún tipo de condecoración. Y no quiero imaginar la cara que debió poner cuando, más tarde, supo que el diamante era falso...

Por último, si alguno de los que seguís este blog aún no la habéis escuchado, probad de escucharla entera, o al menos, el último movimiento, el coral. Es música y belleza en estado puro.

martes, 14 de julio de 2009

Infierno tubular

Hace algunos años, cuando iba por las mañanas al trabajo, escuchaba la sección “los odios” del programa “No somos nadie” de Pablo Motos.

Lo cierto es que me reía mucho con las fobias de la gente, pues algunas eran originales y otras, desternillantes. Dos de ellas se me quedaron en la memoria para siempre: una señora, que decía estar harta de ser vieja porque cada vez que abría la boca se le caían los dientes (desternillante momento), y un señor que decía odiar al músico británico Mike Oldfield.

De esta segunda afirmación voy a hablar. Este señor se quejaba de que le diesen la vara con tanto Tubular Bells I, Tubular Bells II, Orchestral Tubular Bells, Millenium Bell y demás análogos.

Mucho se ha hablado de Tubular Bells y por eso no voy a comentar nada nuevo de este disco que no pueda encontrarse en otras páginas web o blogs. Que es una obra maestra es una afirmación que está fuera de toda duda, aunque no fue ni de lejos la primera obra que escuché de este músico (por suerte).

De hecho, hasta los 17 años o así yo era un profano de la música al que le molestaba cualquier sonido musical, incluso el de una flauta dulce, y las peleas con mi hermano sobre el volumen que ponía el tocadiscos eran constantes, especialmente con cierto músico que mi madre y yo apodábamos “el rascatripas” y su disco raro que tenía pintado un tubo retorcido enorme.

Pues una tarde de ese verano que cumplía 17 añitos (si no me falla la memoria), estaba tan aburrido que se me ocurrió poner una “casette” de Modern Talking (cara A) y China Crisis (cara B). De Modern Talking me gustaron algunas canciones, discotequeras pero que sonaban bien. Sin embargo, en la cara de China Crisis encontré una melodía instrumental preciosa, que me cautivó en el acto.

Se lo comenté a mi hermano, y no veáis la cara que se me quedó cuando me dijo: “Eso no es China Crisis, sino Mike Oldfield”. El tema que escuchaba era el “Taurus II” de su álbum Five Miles Out.

Sí, mi odiado “rascatripas”. Y poco después, descubrí otro disco que me enamoró (musicalmente), era “Hergest Ridge”, y aquello me destapó definitivamente mis atrofiados oídos.

Después vinieron otros músicos: Jean-Michel Jarre, Vangelis, Enya, Pink Floyd, Dire Straits, U2... Más tarde, la explosión clásica: Bach, Haydn, el “sordo”, Brahms, Bruckner, Mahler... y los éxitos del pop-rock internacional, por supuesto. Pero siempre quedará Mike Oldfield como el hombre que me abrió los ojos a la música. Y eso es mucho, así que a nadie le sorprenda el por qué de mi admiración hacia este compositor/multiinstrumentista/productor/etc.

Por desgracia, cada día me resulta más difícil decirle a la gente lo mucho que me gusta su música. Esta espiral tubular de lanzar, cada vez con más frecuencia, secuelas del Tubular Bells, refritos y remasterizaciones ha llegado a un punto que, para mí, carece totalmente de sentido, a no ser que haya un interés lucrativo de por medio, claro.

Hagamos cuentas: 1975, The Orchestral Tubular Bells (interpretado por una orquesta sinfónica); 1992, Tubular Bells II (bonito, lo reconozco); 1994, Tubular World (track de su disco “Songs of Distant Earth”, su última gran obra maestra); 1998, Tubular Bells III (el peor, muy comercial para mi gusto y demasiado “ibicenco”); 2000, Millenium Bell (con la campanita en la portada, aunque poco tiene que ver musicalmente hablando); 2003, Tubular Bells 2003 (regrabación para corregir los fallos del original, pero en mi opinión mejora algunas partes y estropea otras); 2008, Music of the Spheres (que podría llamarse perfectamente Tubular Bells IV)...

… y el otro día me entero del lanzamiento del “Tubular Bells 2009”, una remasterización. No pude evitar una sonora carcajada al escuchar el anuncio.

Por favor, basta ya de refritos tubulares, me parece ridículo. Toda esta explosión tubular no es ajena al declive creativo de su autor, ya que desde “The Songs of Distant Earth” cuesta encontrar cada vez más algo interesante de este músico revolucionario que apuntaba maneras de genio.

Sólo conozco un caso parecido al de Oldfield: Anton Bruckner (tiene 4 ó 5 versiones de su sinfonía “Romántica” y revisó casi todas sus restantes sinfonías, pero eso es otra historia y sus motivos creo que eran bastante distintos). Curiosamente, también este compositor clásico figura en mi lista de predilectos.

Para acabar, un comentario que publicó hace años la revista “el jueves” y que en su momento no me hizo gracia:

Después de lanzar Tubular Bells I y Tubular Bells II, Mike Oldfield publica Tubular Bells III, siguiendo con su estilo de música que ya se puede definir como neurosis obsesiva”.

No quiero imaginar lo que dirían a día de hoy.

P.D.: a pesar de todo le sigo admirando, y disfruto escuchando “Music of the Spheres” incluso con los refritos tubulares que contiene, pero hay que ser crítico y no dejarse llevar por el fanatismo friki. Que incluso los genios se equivocan.

P.D.2.: en cierto blog he leído que la mundialmente famosa melodía con que se abre el Tubular Bells, está inspirada (si no plagiada) en música de Johann Sebastian Bach. ¿Verdad o falso? Inquietante, y más si recuerdo que el tema “Conflict” (QE2) se lo atribuía Mike por entero cuando cualquier melómano reconocería al instante un extracto de un conocido concierto, cuyo nombre no recuerdo, del mismo Bach.

P.D.3.: en otra ocasión volveré a hablar de Oldfield, y espero encontrarme más inspirado para comentar las muchas maravillas musicales que nos ha dejado. Porque una cosa es cierta: este músico es único.

sábado, 29 de noviembre de 2008

La Sinfonía nº 2 "Resurrección" de Mahler

¡Por Dios, vaya sinfonía! Un auténtico monumento a la música y al espíritu humano, diría yo.

Hace ya algún tiempo que la vengo escuchando "a trozos". Esto puede resultar extraño y para los puristas, un sacrilegio, pero es que no estoy hablando de un disco de canciones comerciales o de música ligerita. La sinfonía en cuestión dura más de 80 minutos (no cabe entera en un CD) y supone un verdadero desafío para quien intenta acercarse a ella, pero si se logra conectar con ella y con su significado, la recompensa y la satisfacción de escuchar algo grandioso están garantizadas.

La sinfonía está dividida en 5 movimientos: Totenfeier, Andante moderato, In ruhig fliessender Bewegung, Urlicht, y finalmente, Im tempo des Scherzos. Curiosamente, cuando cayó en mis manos empecé a escucharla por el final, que tras una primera audición me pareció algo casi sin sentido, y precisamente esto era lo que se le achacaba a Mahler cuando estrenaba sus sinfonías.

Lo cierto es que su música, al igual que la de Bruckner, no entra a la primera. Tenemos suerte de contar con la capacidad de grabar la música y reproducirla tantas veces como queremos en casa, y sólo así estoy consiguiendo entrar en el universo musical de los compositores clásicos, pues soy bastante torpe para disfrutar de la música a la primera audición.


Por tanto, no me extraña nada de que estos dos compositores cosechasen tantos fracasos y comentarios negativos cuando vivían. Es que su música, muy vanguardista e innovadora para la época, no es para escucharla por primera vez en un auditorio, a menos que tengas tus orejas educadas a base de años de conservatorio o de gran afición a la música. En este sentido yo he sido totalmente autodidacta, pues de jovencito casi odiaba la música y no fue hasta que cayeron en mis manos dos obras modernas, Taurus II y Hergest Ridge, que se me destaparon de una vez por todas las orejas y sentaron las bases a mi afición a la música sinfónica o de gran orquesta.

Volviendo a nuestra sinfonía, comento algunas cosas de cada movimiento. No me extenderé mucho porque por Internet y la Wikipedia encontraréis artículos de gente más entendida que yo.

El primer movimiento, Totenfeier (Ritos fúnebres), es un largo allegro de más de 20 minutos de duración (típico de las sinfonías de Bruckner y de Mahler). Es el que menos he escuchado, más que nada porque está solo en el primer CD (los otros cuatro están en el segundo). Es una marcha fúnebre y en principio iba a ser un poema sinfónico independiente. Recibió muy malas críticas por parte de algún directorcillo de orquesta y eso desanimó mucho a Mahler, pero más adelante concibió la idea de que formase parte de una obra mayor.

El segundo movimiento, Andante moderato, es una pieza bastante más ligera, agradable y suave, quizás la menos vanguardista de todas pero una de las más fáciles de entender.

El tercero, In ruhig fliessender Bewegung (con un movimiento tranquilamente fluyente) es un scherzo y comienza de una forma abrupta, con dos golpes de timbal. Tiene fases brillantes y espectaculares, típicas de los scherzos. Pero lo más interesante es que hacia el final nos presenta un adelanto de lo que será el último y más espectacular movimiento. Todo un logro...

El cuarto, Urlicht (Luz Prístina), es un lied (canción, en alemán) cantado por una soprano. Esto ya es de por sí otra novedad, pues una sinfonía es, conceptualmente, una composición instrumental y compositores como Haydn consideraban un sacrilegio introducir voces en una sinfonía (Beethoven ya se encargó de cometer semejante "atentado" en su Sinfonía Coral). Rabietas aparte, es un lied francamente bonito.

Y por último, Im Tempo des Scherzos (En el tiempo de un scherzo) cierra esta obra. Una descomunal y grandiosa pieza de más de 30 minutos de duración con final coral. Si el tercer movimiento representa una pérdida de fe, y el cuarto, su recuperación, este movimiento replantea dudas pero acaba con el triunfo y resurrección en sí. Aquí Mahler recurre a casi todos los medios instrumentales posibles para ofrecernos un auténtico universo sinfónico, incluyendo un conjunto de metales y percusión que toca fuera del escenario para dar una increíble sensación de lejanía. El final es sencillamente sensacional y sólo echo de menos que las campanas tubulares y los tam-tam suenen más potentes, quizás debido a la mala costumbre de oír a todo trapo otras campanas tubulares más modernas que sonaban allá por 1973 y que también revolucionaron la música moderna.

Una curiosidad: la Sinfonía Resurrección es la favorita de Karol Wojtyla, alias Juan Pablo II.

Y por si a alguien no le ha quedado claro, las obras Taurus II y Hergest Ridge fueron compuestas por el británico Mike Oldfield. Algún día hablaré de él...


miércoles, 8 de octubre de 2008

La Creación (Haydn)

El pasado jueves me pasé por la FNAC para comprar unos libros y, ya que estaba allí, no pude resistir la tentación de pasarme por la sección de música clásica. Tenía la idea de comprar alguna sinfonía de Mahler, posiblemente la Tercera, así que pregunté a la dependienta qué me aconsejaba comprar.

Ella me atendió con gran amabilidad. De hecho, se veía claramente que era una apasionada de Mahler y, después de un rato charlando con ella, al final no sabía con cuál quedarme porque a ella le gustan casi todas. Pero tras ver los precios... uff! 35 € la Tercera... así que seguí buscando, y acabé comprando "La Creación", de Joseph Haydn, que me salía por la mitad de precio. Además, era una versión de Karajan con la Filarmónica de Berlín, una grabación analógica en vinilo llevada a soporte CD. Eso le quita cierta calidad sonora, pero la vendedora me aconsejó expresamente esta versión.

Ya me habían hablado algunos melómanos de esta obra. Se trata de un gigantesco oratorio sinfónico para solistas, coro y orquesta en donde, utilizando extractos del Libro del Génesis, Haydn nos cuenta cómo creó Dios la Tierra, los ríos, las montañas, mares, plantas, animales... y el Hombre (bueno, Adán y Eva, para ser exactos). Dura la friolera de dos horas, y hasta ahora sólo he escuchado una de las tres partes en que se divide.

Pero no he necesitado escuchar nada más para darme cuenta de la magnitud y grandiosidad de esta obra coral. Inspirada en "el Mesías" de Haendel, para muchos es la obra maestra de Haydn y ella sola bastaría para inmortalizarle. Está dividida en introducciones instrumentales, recitativos, arias y coros. Incluso los recitativos, que acostumbra a ser lo más "pesado" de este tipo de composiciones, resultan muy livianos. Las arias son muy bellas y los coros, sencillamente impresionantes. Y es que Karajan y la Filarmónica de Berlín están pletóricos en la interpretación...

Esta obra fue escrita entre 1796 y 1798. Ese año se estrenó en Viena con éxito arrollador. Se representó en otras ciudades, siempre con gran éxito y, casi hasta su muerte, Haydn daba un concierto anual con fines benéficos. De hecho, el compositor se encontraba por aquél entonces en la cúspide de su carrera y era, creo que con diferencia, el compositor más destacado del panorama mundial (Mozart murió en 1791 y Beethoven aún estaba haciendo sus primeros "pinitos").

Con más de 100 sinfonías, cuartetos de cuerda (incluido el himno alemán), conciertos para diversos instrumentos, misas y óperas, este extraordinario compositor casi estaba a la altura de Mozart en calidad musical. Sólo dos detalles colocan a Mozart ligeramente por encima de Haydn: su enorme facilidad para componer (Haydn solventaba su menor capacidad con una gran dedicación al trabajo) y que en la ópera el propio Haydn reconocía no estar a la altura del genio de Salzburgo. Pero en lo demás, no sé cuál de los dos es el mejor. De hecho, ambos eran amigos y se admiraban mutuamente: es fácil encontrar influencias de Haydn en la música de Mozart, y viceversa.

En fin, para quien guste de la música clásica, creo que estamos ante una obra indispensable. Escuchadla y gozad.

sábado, 4 de octubre de 2008

La maldición de la 9ª sinfonía


El número "9" parece tener un sabor agridulce en el mundo de la música clásica. Por un lado, muchas "novenas sinfonías" han pasado a la Historia como auténticos monumentos musicales. Sirvan de ejemplo: la sinfonía "Grande" de Schubert, la inacabada novena de Bruckner, la famosísima sinfonía "del Nuevo Mundo" de Dvorak, la terrible novena sinfonía de Mahler y, por supuesto, la "Coral" de Beethoven.

Pero por otro lado, es también el germen de una maldición que atenazó a más de un compositor en vida, consistente en que, desde Beethoven, ningún compositor consiguió componer más de nueve sinfonías sin que la muerte se cruzase en su camino.

Se dice que fue Mahler el primero en creer en esta maldición. Este compositor y director de orquesta, resultó ser una persona bastante supersticiosa, hasta tal extremo que, viendo que Beethoven, Schubert, Bruckner y Dvorak habían muerto en estas circunstancias, él decidió que lo que sería su novena pasaría a llamarse "La Canción de la Tierra", creyendo que así engañaría al destino, pasando lo que sería su décima sinfonía a ser "sólo" la novena.

Sin embargo, esta leyenda no es correcta. Parece que fue su esposa, Alma, la responsable de esta superstición, que además no tenía fundamento. Veamos por qué.

Antes de Mahler, Beethoven fue en realidad el único que compuso nueve sinfonías (y algunos esbozos de una Décima). Los compositores que precedieron a Beethoven escribían sinfonías como churros, muchas de ellas por encargo y de estructura más simple y breve. Ahí tenemos a Mozart, con 41 sinfonías, y a Haydn, con 104. No en vano se le conoce como el "Padre de la Sinfonía", que no su creador.

Con Beethoven y el asentamiento del espíritu independiente de los compositores, las cosas cambiaron. Schubert también compuso 9 sinfonías, pero Mahler sólo tenía conocimiento de la existencia (por catálogo) de 7. Algo similar pasó con Dvorak, ya que por aquellas fechas él consideraba perdida la partitura de una de sus primeras sinfonías, que más tarde reaparecería.

El caso de su admirado Bruckner es más complicado. Su última sinfonía es la inconclusa Novena, dedicada a Dios. Pero en realidad Bruckner tiene 11 sinfonías, ya que las dos primeras las rechazó por considerarlas "obras de estudio", como si el compositor aún no se sintiese seguro de la calidad de estas obras, característica que le dio más adelante bastantes problemas. Pero eso es otra historia.

Después de Mahler hubo otros compositores que "sufrieron" dicha maldición, ya asentada en esos tiempos. Fueron compositores de menor renombre que los citados hasta ahora. Algunos, como Alekxandr Glazunov, cayeron en la maldición sólo porque, en su caso, dejó inacabada su Novena 26 años antes de morir. Otros, como Alfred Schnittke, son un caso similar al de Bruckner (tiene una "sinfonía nº 0").

Otros compositores menos conocidos sí que cayeron en la maldición, pero sería Shostakovich el que la rompería definitivamente componiendo 15 sinfonías. Como curiosidad, decir que Shostakovich también creía en la maldición y, cuando se esperaba de él una gran Novena Sinfonía al estilo de las de Beethoven o Mahler, compuso adrede una obra de menor calidad y envergadura, casi una parodia irónica. Se dice incluso que Stalin quedó visiblemente ofendido cuando la escuchó, ya que esperaba un final apoteósico con coros que no llegó.

Así que ya véis. Los que creen en la pseudociencia de la numerología ya pueden ir olvidándose de esta superstición porque no tiene ningún fundamento. Sólo el miedo a la muerte.